La Huerta Grande del Real Sitio de San Fernando constituye uno de los conjuntos históricos, agrícolas y paisajísticos más singulares de nuestro municipio.
Su origen se remonta al siglo XVIII y todavía conserva sobre el territorio numerosos testimonios materiales de aquella extraordinaria ordenación histórica.
Paseos arbolados.
El caz y su sistema hidráulico.
Compuertas y esclusas.
Puentes y pasos históricos.
Puertas monumentales.
Caminos, parcelas agrícolas y elementos del paisaje histórico.
Todo ello configura un paisaje cultural que ha sobrevivido durante generaciones y que constituye una parte fundamental de la identidad histórica de San Fernando de Henares.
Precisamente por estos valores, desde hace años defendemos la necesidad de avanzar en su protección patrimonial y estudiar su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría que jurídicamente resulte más adecuada: Paisaje Cultural o Sitio Histórico.
Pero mientras se tramitan expedientes, se solicitan declaraciones y se espera la actuación de otras administraciones, existe una obligación mucho más elemental:
CUIDAR LO QUE TODAVÍA CONSERVAMOS.
ELEMENTOS PROTEGIDOS QUE SE DETERIORAN ANTE NUESTROS OJOS
Durante una nueva visita de documentación a la Huerta Grande hemos comprobado situaciones que consideramos difícilmente aceptables.
Uno de los elementos pertenecientes al histórico sistema de compuertas del caz presenta graves pérdidas de fábrica y un avanzado estado de deterioro, pese a tratarse de un elemento identificado y protegido por el planeamiento municipal.
La situación exige determinar qué ha sucedido, cuándo se han producido estas pérdidas y adoptar las medidas necesarias para evitar nuevos daños o posibles expolios.
Y no es el único caso.
La histórica Puerta del Rey, uno de los accesos monumentales más reconocibles de la Huerta Grande, presenta pintadas sobre sus pilares, vegetación que invade parcialmente el conjunto y acumulaciones de restos y residuos tras la verja.
No estamos hablando aquí de acometer una compleja restauración monumental.
Tampoco de resolver inmediatamente un expediente administrativo de declaración BIC.
Estamos hablando de algo muchísimo más sencillo:
LIMPIAR.
DESBROZAR.
VIGILAR.
CONSERVAR.
MANTENER.
PROTEGER EL PATRIMONIO TAMBIÉN ES HACER MANTENIMIENTO.
La conservación preventiva constituye una de las herramientas más eficaces para evitar que pequeños deterioros terminen convirtiéndose, con los años, en daños graves, irreversibles y mucho más costosos.
Retirar periódicamente vegetación invasiva y residuos, eliminar pintadas mediante procedimientos adecuados, revisar las fábricas históricas, documentar desperfectos y vigilar los elementos más vulnerables son actuaciones elementales.
Y resultan infinitamente más sencillas y económicas que intentar reconstruir mañana aquello que hayamos permitido desaparecer hoy.
Por ello consideramos necesario que el Ayuntamiento de San Fernando de Henares establezca un programa básico y periódico de inspección, limpieza, mantenimiento y vigilancia de los elementos históricos de la Huerta Grande, prestando especial atención a aquellos incluidos en el catálogo municipal.
QUEREMOS SABER QUÉ HA OCURRIDO CON EL EXPEDIENTE BIC.
Desde la Plataforma hemos defendido reiteradamente que la dimensión histórica y paisajística de la Huerta Grande justifica estudiar seriamente su máxima protección patrimonial.
También hemos señalado la necesidad de conocer qué ha sucedido con la solicitud trasladada en su momento a la Dirección General competente en materia de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid.
La falta de avances conocidos y la pasividad que apreciamos durante estos años motivaron que esta cuestión fuese planteada nuevamente en el Pleno ordinario municipal del pasado mes de julio.
Por ello, vamos a presentar formalmente por Registro General del Ayuntamiento una solicitud de copia íntegra del expediente municipal, con el objetivo de conocer exactamente la documentación remitida, las actuaciones realizadas desde entonces, las posibles comunicaciones entre administraciones y la situación administrativa actual.
NO PODEMOS PEDIR PROTECCIÓN SIN EMPEZAR POR PROTEGER.
Existe una reflexión que consideramos inevitable:
No podemos reclamar a otras administraciones la protección de nuestro patrimonio mientras permitimos que algunos de sus elementos más representativos permanezcan cubiertos de maleza, sufran pintadas, acumulen residuos o continúen deteriorándose.
Una cosa no sustituye a la otra.
La declaración de un Bien de Interés Cultural exige estudios históricos, levantamientos, documentación gráfica, delimitaciones, informes técnicos y un procedimiento administrativo necesariamente complejo.
Mantener limpia la Puerta del Rey y proteger una compuerta histórica para impedir que continúe degradándose, no.
Eso es conservación básica.
Eso es prevención.
Y eso también es proteger nuestro patrimonio.
UN PATRIMONIO QUE HA SOBREVIVIDO SIGLOS NO DEBE PERDERSE AHORA.
La Huerta Grande no es simplemente una extensión agrícola situada junto al casco urbano.
Es una pieza superviviente del Real Sitio de San Fernando, nacido en el siglo XVIII, y conserva todavía las huellas de un paisaje organizado históricamente mediante agricultura, ingeniería hidráulica, caminos, paseos arbolados y arquitectura.
Cada compuerta que desaparece, cada fábrica histórica que se derrumba y cada elemento que dejamos degradarse supone perder una pequeña parte de esa historia.
Podemos debatir cuál debe ser exactamente su figura jurídica de protección.
Podemos estudiar y tramitar su declaración como Bien de Interés Cultural.
Lo que no podemos hacer es esperar mientras el patrimonio se deteriora.
Porque proteger la Huerta Grande empieza por algo mucho más sencillo:
Cuando a mediados del siglo XVIII la Corona decidió levantar en San Fernando una gran fábrica de paños acompañada de una población de nueva planta, el agua parecía estar por todas partes.
Al este se extendía la fértil vega del Jarama. Más allá confluía el Henares. Había tierras cultivables, posibilidades de regadío, agua para lavar las lanas, mover instalaciones fabriles y abastecer los batanes. A primera vista, pocas ubicaciones podían resultar más apropiadas para aquella ambiciosa ciudad industrial promovida durante el reinado de Fernando VI.
Y, sin embargo, el agua acabaría convirtiéndose en uno de sus mayores problemas.
La historia del Real Sitio de San Fernando es también la historia de una contradicción: disponer de agua en abundancia no significaba disponer de agua potable, estable y saludable. Y vivir fuera del alcance directo de las crecidas del Jarama tampoco significaba estar a salvo de los efectos sanitarios de su extensa vega inundable.
El problema fue lo suficientemente grave como para contribuir a que la primera Real Fábrica de Paños abandonara progresivamente San Fernando, trasladando su actividad durante los veranos a Vicálvaro y estableciéndose allí de forma permanente desde 1756, antes de su traslado definitivo a Brihuega en 1768.
1. UNA CIUDAD ILUSTRADA JUNTO AL JARAMA
El proyecto iniciado en 1746 no consistía simplemente en construir una fábrica.
San Fernando fue concebido como un verdadero núcleo industrial planificado: fábrica, viviendas para trabajadores y técnicos, plazas, dependencias administrativas, terrenos agrícolas, huertas, instalaciones auxiliares y una importante red hidráulica. La proximidad de Madrid, el Camino de Aragón, la fertilidad de las tierras y la presencia del Jarama convertían el emplazamiento en una elección aparentemente excelente.
Los proyectistas tampoco ignoraron completamente la cuestión sanitaria. El nuevo pueblo se dispuso alejado del cauce inmediato del río, sobre terrenos más elevados, mientras se desarrollaban obras de regadío y actuaciones destinadas a controlar parcialmente el irregular comportamiento del Jarama.
Pero había un problema que muy pronto se hizo evidente: el río constituía un extraordinario recurso económico y, al mismo tiempo, una amenaza sanitaria.
Nota histórica: los estudios de Aurora Rabanal Yus y las investigaciones arqueológicas posteriores coinciden en señalar la enfermedad como uno de los grandes condicionantes de la primera etapa del Real Sitio.
2. EL PRIMER PROBLEMA: HABÍA AGUA, PERO NO SIEMPRE AGUA BUENA
Aquí debemos introducir un matiz importante.
No sería exacto afirmar que los fundadores olvidaron completamente construir un abastecimiento de agua independiente del Jarama. Lo intentaron desde los primeros años.
La documentación histórica y las excavaciones arqueológicas han identificado una primera generación de canalizaciones, datada aproximadamente entre 1749 y 1765, que conducía agua desde el llamado arroyo o camino de Ambroz. El problema fue que aquella agua resultó muy salobre. La documentación señala que hubo que volver a recurrir al Jarama y que posteriormente se intentó otra conducción desde el cerrillo y arroyo de San Cristóbal, en término de Coslada, cuyas aguas parecían ser de mejor calidad.
Por tanto, el error fundacional fue más sutil y también más interesante:
no faltó completamente la previsión de abastecer de agua a la nueva población; lo que faltó fue garantizar desde el comienzo una captación suficientemente abundante, permanente y de calidad contrastada.
La arqueología demuestra incluso que el complejo fabril disponía ya de una fuente.
Un informe de 1753 describía una gran fuente de piedra situada en el patio de la Real Fábrica. Tenía dos pedestales que servían como surtidores y dos zócalos donde podían apoyarse los cántaros. El manantial que la abastecía se encontraba, según aquella descripción, en el valle por donde discurría el camino de Vicálvaro, hacia el mediodía.
El problema, por tanto, no era simplemente construir una fuente.
Era conseguir que por ella circulase agua suficiente y saludable durante todo el año.
3. LAS TERCIANAS: CUANDO LA VEGA SE CONVIRTIÓ EN UN PROBLEMA SANITARIO
Poco después de inaugurarse el complejo comenzaron las enfermedades.
Las fuentes históricas hablan reiteradamente de fiebres tercianas, además de otras fiebres e inflamaciones. La epidemia de 1751-1752 provocó muertes entre los trabajadores y consolidó la reputación de San Fernando como lugar insalubre. La situación llegó a preocupar a la Corona hasta el punto de ordenar en 1752 el establecimiento de un hospital y la investigación de las causas de aquellas enfermedades.
Las tercianas eran manifestaciones de lo que hoy conocemos como paludismo o malaria.
En el siglo XVIII todavía se desconocía que la enfermedad está provocada por parásitos del género Plasmodium y que se transmite fundamentalmente mediante la picadura de hembras infectadas del mosquito Anopheles. Esa explicación científica no llegaría hasta finales del siglo XIX.
Los habitantes del XVIII, sin embargo, habían observado correctamente una relación entre zonas húmedas, aguas estancadas y aparición de fiebres, aunque interpretaran el mecanismo mediante las teorías médicas de su tiempo.
Y el Jarama era entonces un río completamente sometido a su régimen natural.
Sus crecidas periódicas ocupaban amplias superficies de la vega. Después, cuando descendían los caudales, podían quedar depresiones, brazos secundarios, charcas y terrenos encharcados. Las propias fuentes históricas de San Fernando relacionan las aguas estancadas durante los periodos de menor caudal con la aparición de tercianas y señalan que las presas y otras obras hidráulicas construidas para contener las crecidas obtuvieron resultados limitados.
La fábrica podía estar construida sobre terrenos elevados.
Los mosquitos no necesitaban que el Jarama llegase hasta la Plaza de España.
Bastaba con que existieran extensas áreas húmedas próximas a la población y con que trabajadores agrícolas, operarios y habitantes estuvieran expuestos a ellas.
4. DE SAN FERNANDO A VICÁLVARO: CUANDO LA ENFERMEDAD AFECTÓ A LA INDUSTRIA
El problema dejó pronto de ser exclusivamente sanitario.
Se convirtió también en un problema económico.
Desde 1753 hasta 1756, la actividad de la fábrica de San Fernando se trasladaba durante los meses estivales a unas instalaciones de los Trinitarios Descalzos de Vicálvaro. A partir de 1756, Vicálvaro pasó a convertirse en su sede permanente, hasta que en 1768 la manufactura fue trasladada a Brihuega.
No sería correcto atribuir el fracaso de aquella primera experiencia industrial exclusivamente a las enfermedades. También existieron problemas de costes, organización, productividad y funcionamiento del sistema de manufacturas reales.
Pero la documentación deja pocas dudas de que la insalubridad constituyó uno de los factores que condicionaron seriamente la continuidad de la fábrica en San Fernando.
La paradoja resulta extraordinaria: se había creado una ciudad específicamente para albergar una gran manufactura y, apenas una década después, la actividad que justificaba su existencia había tenido que abandonarla.
Nota bibliográfica: Susana Torreguitart Búa recoge expresamente la epidemia de tercianas de 1751-1752 y su relación con la decisión de realizar los trabajos estivales en Vicálvaro; la arqueología del complejo confirma igualmente la importancia que alcanzaron las enfermedades durante aquella primera etapa.
5. PABLO DE OLAVIDE: EL HOMBRE QUE MIRÓ EL AGUA QUE BEBÍAN
En 1766 comienza un nuevo capítulo.
Después del fracaso de la primera experiencia industrial, las enormes instalaciones de la antigua fábrica fueron aprovechadas para establecer el Hospicio del Real Sitio de San Fernando, destinado inicialmente a alojar a aproximadamente un millar de personas.
Su primer director fue una de las grandes figuras de la Ilustración española: Pablo de Olavide.
Olavide llegó a San Fernando en mayo de 1766 y comenzó inmediatamente a escribir al ministro de Hacienda, Miguel de Múzquiz, informándole minuciosamente sobre la organización y funcionamiento del establecimiento.
Y entonces hizo una observación extraordinariamente reveladora.
Olavide comprobó que el agua consumida habitualmente por la población procedía fundamentalmente del Jarama. En sus orillas se cultivaba además cáñamo, que era lavado y sometido a procesos de maceración en sus aguas.
En una carta dirigida a Múzquiz dejó escrita una frase que resume perfectamente el problema:
«no había en este sitio otra agua que la del río Jarama».
Olavide relacionó aquella circunstancia con la elevada mortalidad que había sufrido anteriormente la fábrica.
Y tomó una decisión extremadamente pragmática: ordenó traer agua considerada de buena calidad desde aproximadamente legua y media de distancia.
El resultado le pareció espectacular. Al finalizar el verano contabilizó únicamente 38 casos de tercianas entre una población cercana al millar de internos, todas ellas, según su propio informe, benignas. Durante los tres primeros meses sólo había fallecido un anciano.
Olavide estaba convencido de haber encontrado la explicación de la antigua insalubridad de San Fernando.
Había puesto el foco en algo esencial: el agua de boca.
6. OLAVIDE TENÍA RAZÓN… PERO NO EN TODO
Aquí es necesario aplicar el conocimiento científico actual sin cometer el error de juzgar el siglo XVIII con conceptos que entonces todavía no existían.
Olavide acertó al comprender que consumir agua contaminada constituía un enorme riesgo sanitario y que una población de cientos de personas necesitaba disponer de una fuente segura.
Pero se equivocaba cuando atribuía directamente las tercianas al consumo de aquella agua.
Hoy sabemos que el paludismo no se transmite por beber agua contaminada, sino mediante mosquitos Anopheles infectados.
Por eso es perfectamente posible que la medida de Olavide mejorase considerablemente la salud general del Hospicio —al reducir enfermedades gastrointestinales y otros riesgos derivados del agua— sin eliminar el verdadero mecanismo de transmisión del paludismo.
De hecho, las enfermedades volverían posteriormente a aparecer en el Real Sitio.
Lo verdaderamente moderno de Olavide no fue acertar completamente en la etiología de la enfermedad.
Fue aplicar un principio de salud pública preventiva:
si existe la sospecha de que un recurso básico está relacionado con la enfermedad, hay que sustituirlo por otro más seguro.
Y eso, en 1766, resulta enormemente significativo.
Nota documental: el episodio se conoce por la correspondencia de Olavide con Miguel de Múzquiz, recogida por Aurora Rabanal Yus y posteriormente estudiada y divulgada por Susana Torreguitart Búa.
7. DE LA SOLUCIÓN PROVISIONAL A UNA INFRAESTRUCTURA PERMANENTE
Traer agua desde legua y media de distancia podía resolver provisionalmente una emergencia.
Pero una población necesitaba algo mucho más ambicioso:
una auténtica traída de aguas.
El siguiente gran protagonista sería José de Almarza, nombrado gobernador del Real Sitio en 1770 y responsable de una importante política de rehabilitación del lugar.
Y junto a él aparece otro nombre fundamental de la arquitectura española del siglo XVIII:
Francisco Sabatini, arquitecto real de Carlos III.
Entre 1771 y 1796, Sabatini intervino en diferentes proyectos del Real Sitio, ayudado por su hombre de confianza, el aparejador José de la Ballina. Entre aquellas actuaciones adquirieron especial importancia las nuevas conducciones de agua destinadas a mejorar las condiciones de salubridad.
Almarza impulsó un proyecto costoso para asegurar agua dulce a San Fernando y Sabatini elaboró el correspondiente presupuesto.
Ya no se trataba simplemente de transportar agua en recipientes.
Se trataba de construir una infraestructura hidráulica permanente.
8. ¿DE DÓNDE VENÍA EL AGUA DE SABATINI?
La documentación conservada permite responder con una precisión verdaderamente excepcional.
La captación propuesta se encontraba en:
el manantial situado en la cabecera del arroyo de Coslada, al pie de las altas viñas de Vicálvaro.
Antes de ejecutar el proyecto se realizó un reconocimiento del lugar.
Francisco Sabatini acudió acompañado por Antonio Rodríguez, fontanero de Madrid, y por el propio gobernador José de Almarza.
Los tres examinaron el manantial y consideraron que sus aguas eran de buena calidad. La finalidad expresada en la documentación era conducir aquella agua dulce hasta el Hospicio del Real Sitio de San Fernando y una de las plazas de la población.
Estamos, por tanto, ante algo mucho más importante que una simple fuente ornamental.
Era un verdadero proyecto de abastecimiento urbano y sanitario.
Y resulta significativo que la solución consistiera precisamente en independizar el agua destinada al consumo de la población de las aguas del Jarama.
Décadas después de fundarse el Real Sitio, se estaba resolviendo de manera estructural uno de los grandes problemas que habían acompañado al asentamiento desde sus primeros años.
9. LA ARQUEOLOGÍA HA ENCONTRADO LA CAÑERÍA
Durante las campañas arqueológicas realizadas entre 2005 y 2007 en los terrenos de la antigua Real Fábrica de Paños, las excavaciones permitieron documentar físicamente diferentes generaciones de conducciones hidráulicas.
Eso proporciona una oportunidad excepcional: podemos comparar los documentos escritos con los restos construidos que realmente quedaron bajo el suelo de San Fernando.
Las canalizaciones relacionadas con la gran reforma de finales del siglo XVIII presentan una tipología denominada por los arqueólogos «caja rectangular ancha».
No eran simples zanjas con una tubería.
Se trataba de sólidas estructuras de fábrica de ladrillo, algunas de hasta nueve hiladas, frente a las tres o cuatro de las conducciones anteriores, que protegían tuberías de mayor diámetro.
Las excavaciones identificaron también un característico mortero rosado muy compacto, empleado de manera uniforme en estas construcciones, además de pozos de decantación, una fuente y un gran colector inferior. Las evidencias documentales y arqueológicas sitúan esta gran fase aproximadamente entre 1780 y 1789, dentro del periodo de actuaciones de Almarza y Sabatini.
La arqueología ha demostrado además por qué algunas infraestructuras anteriores habían dado problemas: determinadas cañerías aparecieron prácticamente colapsadas por la salinidad y las acumulaciones de toba o sarro petrificado.
Es decir, el problema del agua quedó literalmente fosilizado bajo el subsuelo de la ciudad.
Nota arqueológica: las campañas desarrolladas entre 2005 y 2007 constituyen actualmente una de las fuentes fundamentales para comprender la evolución hidráulica del Real Sitio, porque permiten distinguir distintas generaciones constructivas de la red de abastecimiento.
10. ¿Y CUÁNTAS FUENTES HUBO REALMENTE?
La respuesta requiere distinguir diferentes momentos históricos.
Sabemos que ya en 1753 existía una fuente en el enorme patio interior de la primera Real Fábrica, abastecida desde un manantial situado hacia el camino de Vicálvaro. Por tanto, aquella fuente es anterior a la intervención de Sabatini.
Décadas después, el proyecto de Sabatini contemplaba expresamente llevar agua desde el arroyo de Coslada hasta el Hospicio y una de las plazas de San Fernando.
La bibliografía histórica local describe además un sistema en el que dos fuentes abastecidas mediante las canalizaciones, junto con otra situada en el patio de la Casa de Administración de la Plaza Redonda —actual Plaza de Fernando VI—, garantizaban el suministro de agua a la población.
Las excavaciones han documentado igualmente una gran fuente ovalada en el ámbito de la antigua Real Fábrica. Los arqueólogos consideran que su configuración corresponde probablemente al periodo de Sabatini, aunque advierten expresamente que pudo existir una estructura anterior, algo perfectamente compatible con la fuente que ya aparece descrita documentalmente en 1753.
Por tanto, no debemos imaginar una única obra ejecutada de una sola vez.
Lo que existió fue una infraestructura hidráulica que evolucionó durante décadas, sustituyendo, reparando y ampliando sistemas anteriores hasta conseguir un abastecimiento mucho más fiable.
11. EL SEGUNDO PROBLEMA NO CABÍA DENTRO DE UNA CAÑERÍA
La nueva traída podía mejorar el agua que bebían los habitantes.
Pero había un problema que Sabatini no podía resolver de la misma manera:
la propia vega del Jarama.
El nuevo núcleo urbano había sido construido prudentemente alejado del cauce inmediato. Sin embargo, continuaba situado junto a una extensa llanura aluvial sometida a las dinámicas naturales de un gran río.
Las fuentes históricas describen frecuentes crecidas del Jarama y señalan que, durante el verano, al disminuir sus caudales, determinadas aguas quedaban estancadas, coincidiendo con la aparición de las temidas tercianas. También indican que se construyeron presas y otras obras hidráulicas para intentar controlar las crecidas, con resultados limitados.
Aquello era un problema de una escala completamente distinta.
Los ingenieros del Real Sitio podían construir acequias, azudes, compuertas, caces, desagües y defensas locales.
Lo que difícilmente podían hacer era regular el régimen hidrológico de toda la cuenca del Jarama.
Y ahí encontramos la gran contradicción territorial del proyecto.
Las mismas características que hacían extraordinariamente productiva la vega —agua, suelos fértiles, humedad y posibilidades de regadío— contribuían también a generar un medio favorable para las enfermedades asociadas a los humedales.
12. DOS PROBLEMAS DIFERENTES QUE LOS CONTEMPORÁNEOS CONFUNDIERON
Visto con nuestros conocimientos actuales, podemos separar dos fenómenos que en el siglo XVIII se mezclaban fácilmente.
Por una parte estaba el problema del agua de consumo: aguas salobres, captaciones deficientes y utilización del Jarama para beber pese a otros usos desarrollados en el mismo río.
Eso sí podía combatirse mediante una buena captación y una conducción protegida.
Por otra estaba el problema palúdico de la vega, relacionado con la presencia de mosquitos vectores y con el ambiente fluvial.
La traída de agua potable podía mejorar enormemente la primera situación.
No podía eliminar la segunda.
Por eso sería incorrecto afirmar que Sabatini «acabó con las tercianas».
Pero también sería injusto minimizar la importancia de su obra.
Garantizar agua dulce de calidad era una de las principales infraestructuras sanitarias que necesitaba el Real Sitio para poder consolidarse como población permanente.
13. ¿FUE EL AGUA LA CAUSA DEL FRACASO DE LA REAL FÁBRICA?
No hubo una sola causa.
La Real Fábrica de Paños padeció problemas económicos, costes elevados, dificultades organizativas y productivas y un modelo industrial que no consiguió alcanzar los resultados esperados.
Pero la documentación histórica demuestra que la enfermedad tuvo suficiente importancia como para alterar físicamente el funcionamiento de la manufactura, obligando a trasladar durante los meses estivales la actividad a Vicálvaro y contribuyendo a que acabara abandonándose San Fernando como sede de aquella primera fábrica.
No estamos, por tanto, ante una explicación construida retrospectivamente.
Los propios contemporáneos discutieron sobre la insalubridad del lugar, investigaron sus causas, levantaron un hospital, trasladaron trabajadores y maquinaria, buscaron nuevas aguas y realizaron costosas obras para intentar solucionar el problema.
El agua fue una cuestión central en la historia del Real Sitio.
14. UNA UTOPÍA ILUSTRADA QUE TUVO QUE APRENDER A BEBER
Quizá ahí resida una de las historias más fascinantes de San Fernando de Henares.
Los ilustrados crearon en 1746 una pequeña ciudad industrial extraordinariamente avanzada para su tiempo.
Planificaron sus plazas.
Construyeron viviendas.
Organizaron fábricas.
Roturaron tierras.
Crearon huertas y redes de riego.
Intentaron controlar el río.
Y, sin embargo, descubrieron que levantar una ciudad era mucho más que construir edificios.
Una ciudad necesita también comprender el territorio sobre el que se asienta y garantizar algo tan elemental como el agua que beben sus habitantes.
Primero aparecieron las enfermedades.
Después llegó el traslado de la fábrica.
Más tarde, Pablo de Olavide puso el foco sobre el agua de consumo y ordenó traer agua limpia desde lejos.
Finalmente, José de Almarza y Francisco Sabatini convirtieron aquella necesidad en una verdadera infraestructura hidráulica, buscando agua dulce en el entorno de Coslada y Vicálvaro y conduciéndola mediante una compleja red de cañerías hasta el Hospicio y la población.
La actuación no eliminó todos los problemas sanitarios del Real Sitio.
Pero ayudó a corregir uno de sus principales defectos fundacionales.
Y quizá ahí esté la gran lección histórica:
San Fernando nació gracias al agua del Jarama, pero para poder sobrevivir tuvo que aprender a no depender de ella para beber.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS COMENTADAS
- RABANAL YUS, Aurora (1983): El Real Sitio de San Fernando: historia, arquitectura y urbanismo. Madrid, Ayuntamiento de San Fernando de Henares. Obra fundamental para estudiar la fundación, arquitectura y evolución urbana del Real Sitio. Su investigación documental constituye una de las principales bases para conocer los problemas de salubridad, las actuaciones del Hospicio, la correspondencia de Olavide y las posteriores intervenciones de Almarza y Sabatini. La bibliografía académica posterior continúa utilizándola como referencia esencial.
- TORREGUITART BÚA, Susana (2017): «Una fábrica de ciudadanos laboriosos. El Hospicio del Real Sitio de San Fernando», Instituto de Estudios Madrileños. Especialmente importante para el asunto del agua porque recoge y contextualiza la correspondencia entre Pablo de Olavide y Miguel de Múzquiz. Permite conocer directamente la preocupación de Olavide por el agua del Jarama, su decisión de traer agua de mejor calidad desde legua y media de distancia y los resultados sanitarios que él atribuyó a aquella medida.
- AGUSTÍ, Ernesto; MORÍN, Jorge; GANDULLO, José Antonio; CURADO, J. M.; ESCOLÀ, Marta; LÓPEZ FRAILE, Francisco José; CANTALLOPS, María Laura; YRAVEDRA, José: «Campañas de excavación arqueológica (2005-2007) en la Real Fábrica de Paños de San Fernando (Madrid)», en Actas de las Cuartas Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Referencia imprescindible para comprender materialmente el sistema hidráulico. Las excavaciones permitieron diferenciar sucesivas fases de canalizaciones y documentar las conducciones de época de Almarza y Sabatini, las cajas de ladrillo, tuberías de mayor diámetro, mortero rosado, pozos de decantación, colectores y restos de la fuente.
- VV. AA.: La Real Fábrica de Paños de San Fernando de Henares. AUDEMA. Estudio interdisciplinar que reúne historia, arqueología, documentación, arquitectura y análisis territorial del complejo. Resulta especialmente valioso para reconstruir los primeros intentos de abastecimiento desde Ambroz y San Cristóbal, la relación entre el Jarama y las tercianas, el traslado de la fábrica y la evolución posterior de las conducciones de agua.
- GONZÁLEZ ENCISO, Agustín (1997): «El Real Sitio de San Fernando y sus fábricas textiles en el siglo XVIII», en Actas de las Jornadas sobre el Real Sitio de San Fernando y la Industria en el siglo XVIII, Ayuntamiento de San Fernando de Henares, pp. 63-96. Estudio de referencia para situar la experiencia sanfernandina dentro de la política industrial de la Monarquía y comprender las causas económicas, productivas y organizativas que acompañaron a los problemas sanitarios.
- ANES Y ÁLVAREZ DE CASTRILLÓN (1997): «Las manufacturas: de los estímulos a las Reales Fábricas», en Actas de las Jornadas sobre el Real Sitio de San Fernando y la Industria en el siglo XVIII, pp. 15-30. Aporta el contexto económico general de las manufacturas reales, imprescindible para evitar una interpretación monocausal del abandono de la primera fábrica de San Fernando.
- TORREGUITART BÚA, Susana (2008): «Fuentes documentales para la historia de San Fernando de Henares», Madrid, AUDEMA, pp. 21-34; y TORREGUITART BÚA (2021): Los hilos de nuestra memoria, Ayuntamiento de San Fernando de Henares. Son referencias especialmente útiles para localizar y contextualizar la documentación conservada en el Archivo General de Palacio, Archivo General de Simancas, Archivo Regional de la Comunidad de Madrid y otros fondos relacionados con el Real Sitio y sus fábricas.
- FUENTE DOCUMENTAL PRIMARIA: Archivo General de Palacio, fondos de las Administraciones Patrimoniales del Real Sitio de San Fernando. Entre la documentación citada por la historiografía se conservan expedientes relativos a las cañerías, fuentes, Hospicio y actuaciones de José de Almarza y Francisco Sabatini. Resulta especialmente valioso el documento en el que se describe el reconocimiento realizado por Sabatini, el fontanero de Madrid Antonio Rodríguez y Almarza del manantial de la cabecera del arroyo de Coslada, situado al pie de las altas viñas de Vicálvaro, cuyas aguas consideraron adecuadas para conducirlas hasta San Fernando.