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La Huerta Grande constituye uno de los espacios históricos más singulares y mejor conservados del antiguo Real Sitio de San Fernando de Henares. Su importancia trasciende el ámbito agrícola para convertirse en un extraordinario ejemplo de planificación territorial ilustrada, donde arquitectura, ingeniería hidráulica, paisaje y producción agraria se integraron en un único proyecto al servicio de la Corona.
Lejos de tratarse de una simple finca de cultivo, la Huerta Grande fue concebida como una gran explotación agrícola organizada científicamente, diseñada para abastecer a la Real Fábrica de Paños, a la nueva población del Real Sitio y a la propia Casa Real. Más de dos siglos después, gran parte de esa estructura continúa siendo perfectamente reconocible sobre el territorio.
EL NACIMIENTO DE UN PROYECTO ILUSTRADO (1746)
La creación del Real Sitio de San Fernando por iniciativa de Fernando VI supuso el nacimiento de una nueva población planificada junto al río Jarama. Su principal motor económico sería la Real Fábrica de Paños, que necesitaba un importante abastecimiento agrícola para garantizar tanto la alimentación de la población como el suministro de materias primas.
Con ese objetivo nació la Huerta Grande en 1746.
Desde su origen fue diseñada mediante un trazado perfectamente ordenado, articulado mediante grandes paseos arbolados, caminos rectilíneos, acequias de riego y parcelas cuidadosamente distribuidas. El conjunto respondía plenamente al pensamiento ilustrado del siglo XVIII, donde el territorio debía organizarse con criterios de racionalidad, productividad y belleza paisajística.
UNA DE LAS GRANDES EXPLOTACIONES AGRÍCOLAS DE LA CORONA
Durante la segunda mitad del siglo XVIII la Huerta experimentó un extraordinario desarrollo.
Bajo el reinado de Carlos III, la explotación fue reorganizada y ampliada mediante nuevos arrendamientos y mejoras agrícolas. Se introdujeron miles de árboles frutales, moreras destinadas a la producción de seda, chopos, olmos y otros cultivos que abastecían tanto al Real Sitio como a Madrid.
Las descripciones históricas hablan de una explotación de enorme productividad, con cerca de sesenta hectáreas perfectamente organizadas y cientos de miles de metros cuadrados dedicados a frutales, huertas y viveros.
La Huerta se convirtió en uno de los ejemplos más avanzados de agricultura planificada de su tiempo.
UN PAISAJE DISEÑADO PARA PRODUCIR Y PERDURAR
Uno de los aspectos más sorprendentes de la Huerta Grande es que no fue creciendo de manera espontánea.
Todo el recinto fue previamente diseñado.
Su planta pentagonal quedó organizada mediante una red jerarquizada de paseos arbolados que conectaban una gran plaza central con las distintas parcelas agrícolas. Las puertas monumentales, los caminos, las glorietas y las alineaciones de árboles formaban una composición paisajística perfectamente ordenada.
La disposición de este trazado continúa siendo hoy claramente reconocible y constituye uno de los principales valores patrimoniales del conjunto.
LA INGENIERÍA DEL AGUA: EL CORAZÓN DE LA HUERTA
Ninguna explotación agrícola de estas dimensiones habría sido posible sin un complejo sistema hidráulico.
El agua era captada mediante un azud construido sobre el río Jarama, desde donde partía un caz de riego que distribuía el caudal hacia toda la Huerta.
Compuertas, esclusas, acequias y pasos inferiores permitían regular el agua con enorme precisión, garantizando el riego de todas las parcelas incluso durante los periodos más secos.
Este sistema constituye una auténtica obra de ingeniería histórica, de la que aún hoy se conservan numerosos elementos.
PUERTAS MONUMENTALES Y ARQUITECTURA DEL PAISAJE
La Huerta Grande no era únicamente un espacio agrícola.
También era un paisaje representativo.
Sus accesos estaban presididos por elegantes puertas monumentales de inspiración clasicista, entre las que destacaban la Puerta del Rey y la Puerta de la Reina, concebidas como auténticas piezas de arquitectura integradas en el paisaje.
A ellas se sumaban la Casa de la Venta de Fruta, pontones, compuertas y otros elementos que conferían identidad al conjunto y reforzaban su carácter de finca real.
LAS GRANDES REFORMAS DEL SIGLO XIX
Durante el siglo XIX la Huerta continuó evolucionando.
Las reformas impulsadas por administradores como Vicente Collantes modernizaron parte de la explotación mediante nuevas alineaciones arbóreas, reorganización de parcelas, mejoras hidráulicas y nuevos edificios auxiliares.
Los planos conservados muestran con gran precisión esta transformación y permiten comprender cómo la Huerta fue adaptándose a las necesidades productivas sin perder la estructura original concebida en el siglo XVIII.
DEL PATRIMONIO REAL A LA PROPIEDAD PRIVADA
En 1869 la Huerta Grande dejó de pertenecer al Patrimonio de la Corona y pasó a manos privadas.
A pesar de ello, el uso agrícola se mantuvo durante décadas, permitiendo que buena parte de su organización territorial llegara hasta nuestros días.
Este hecho explica que aún puedan identificarse caminos históricos, alineaciones de árboles, sistemas hidráulicos y numerosos elementos originales que siguen formando parte del paisaje actual.
UN PATRIMONIO EXCEPCIONAL QUE AÚN SOBREVIVE
El trabajo de documentación realizado durante los últimos años ha permitido inventariar numerosos elementos históricos conservados.
Entre ellos destacan puertas monumentales, compuertas, esclusas, pontones, paseos arbolados, la plaza central, edificios históricos y diversos restos del sistema hidráulico.
Todos ellos forman parte de un único paisaje histórico cuya importancia radica precisamente en la conservación conjunta de sus diferentes componentes.
¿POR QUÉ MERECE SER BIEN DE INTERÉS CULTURAL?
La Huerta Grande reúne de forma simultánea valores históricos, arquitectónicos, paisajísticos, agrícolas, hidráulicos y medioambientales difíciles de encontrar en otros espacios de la Comunidad de Madrid.
Conserva el trazado original del Real Sitio, mantiene una parte muy significativa de su red de caminos y riegos, alberga elementos arquitectónicos singulares y continúa desarrollando actividad agrícola compatible con la preservación de sus valores históricos.
Todo ello encaja plenamente con la figura de Paisaje Cultural, prevista en la Ley de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.
UNA RESPONSABILIDAD CON LAS FUTURAS GENERACIONES
La conservación de la Huerta Grande no responde únicamente a una cuestión sentimental o estética.
Supone proteger uno de los mejores ejemplos conservados del proyecto ilustrado que dio origen al Real Sitio de San Fernando y preservar un paisaje cuya evolución puede seguir leyéndose sobre el propio territorio casi tres siglos después de su creación.
Cada paseo arbolado, cada compuerta, cada parcela y cada puerta monumental forman parte de una misma historia que explica el nacimiento de nuestra ciudad y la manera en que el ser humano transformó el paisaje mediante el conocimiento, la ingeniería y la agricultura.
La Huerta Grande constituye un patrimonio excepcional cuya protección beneficiaría no solo a San Fernando de Henares, sino al conjunto del patrimonio histórico madrileño y español. Su declaración como Bien de Interés Cultural en la categoría de Paisaje Cultural supondría el reconocimiento institucional de un legado que ha llegado hasta nosotros gracias a generaciones de agricultores, técnicos y vecinos, y cuya conservación representa una responsabilidad compartida con las generaciones futuras.


















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